«Servir con el corazón: La verdadera riqueza según la Madre Teresa»

Hay momentos en la historia y en la vida nuestra, en los que una simple frase puede revelar el verdadero significado del amor incondicional. Les hago una historia que leí hace mucho tiempo y que todavía me emociona.

Un día, mientras la Madre Teresa de Calcuta atendía a un leproso, un periodista norteamericano la observó con asombro y le dijo:

«Yo no haría eso ni por un millón de dólares.»

La respuesta de la Madre Teresa fue tan simple como poderosa:

«Yo tampoco. Lo hago por amor a Dios.»

Esta frase resume el carisma y la misión de una mujer que dedicó su vida a los más pobres entre los pobres, sin esperar nada a cambio, en una sociedad donde el dinero parece ser el motor de cada una de las acciones; su testimonio nos recuerda que el amor genuino y el servicio desinteresado tienen un valor muy superior a cualquier riqueza material.

El carisma de la Madre Teresa

Nacida en 1910 en Macedonia como Anjezë Gonxhe Bojaxhiu, la Madre Teresa sintió desde muy joven el llamado de Dios a servir a los más necesitados y se convirtió en misionera. Fundó la congregación de las Misioneras de la Caridad en 1950, con el propósito de brindar amor, cuidado y dignidad a quienes eran rechazados por la sociedad. Su labor se extendió por el mundo, y su mensaje trascendió religiones y fronteras.

La Madre Teresa no solo alimentaba y curaba a los pobres, sino que también les ofrecía algo aún más valioso: su amor y su presencia. No veía en ellos una carga, sino a Cristo sufriente, para ella, cada ser humano tenía un valor infinito, con independencia de su condición social o física.

Beatificación y santificación

El reconocimiento de su santidad no tardó en llegar. En 2003, el Papa Juan Pablo II la beatificó, y en 2016, el Papa Francisco la canonizó, declarándola Santa Teresa de Calcuta. Su legado sigue vivo, inspirando a millones de personas a practicar la compasión y el amor desinteresado.

Un mensaje para la humanidad

En un mundo donde muchas veces se valora más el éxito material que la entrega al prójimo, la Madre Teresa nos deja una enseñanza crucial: el amor es lo único que realmente transforma. Su vida nos invita a preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo para ayudar a quienes nos necesitan? ¿Cuánto amor ponemos en lo que hacemos?

No se trata de rechazar el dinero, sino de entender que su valor es limitado si no se usa con propósito, porque la verdadera grandeza de una persona no se mide por su riqueza, sino por su capacidad de amar.

Tal vez no todos estemos llamados a servir como ella, pero sí podemos, desde nuestra realidad, practicar el amor incondicional, ese que no busca recompensas, sino simplemente dar sin esperar nada a cambio. Como dijo la Madre Teresa:

«No todos podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor.»

Admirada por todos y muy en especial por mí, que no puedo leerla sin llorar, porque la bondad humana provoca un sentimiento que trasciende y te hace sentir pequeño y preguntarte: ¿y yo qué estoy haciendo para mejorar mi vida y la de otros?

Cuando el 5 de agosto de 1997 murió la Madre Teresa, el mundo estaba en shock por el fallecimiento, ese mismo año, pero el día 31 de agosto, de la princesa Diana de Gales, a la que también admiré profundamente. Entonces escribí un poema, que quizás no tenga valor literario, pero si fue mi homenaje para ambas.

Princesa Diana& Madre Teresa

Primero nos llegó la noticia de tu muerte

tan joven y bella, por demás princesa,

no parecías mortal.

Supiste vivir en un mundo de lujos

sin olvidar a los necesitados

de este mundo desigual.

Fuiste la certeza de que es posible

hacer realidad el cuento de hadas,

de que los humildes también

pueden alcanzar el trono real.

¿Qué nos queda de ti?

Infinidad de comentarios de revistas

Que no respetaron tu vida personal,

las famosas joyas que heredaron tus hijos

y el recuerdo de tus ojos asustados y tu cara angelical.

En cambio, nos llegó la noticia de otra muerte

tan viejecita y arrugada,

cubierta por el sari blanco de ribetes azules.

Tampoco pacería mortal;

supo vivir en la pobreza absoluta

compartiendo el dolor de los que no tienen pan.

Limpió tantas llagas, seco tantas lagrimas

que no parecía hija de este mundo desigual,

fue la certeza del amor desinteresado

del que es feliz dando sus trozos de vida

a los moribundos olvidados

¿Qué nos queda de ti?

Una Orden que continua tu obra,

tus manos multiplicadas en otras manos

que siguen limpiando llagas y secando lágrimas,

a los moribundos olvidados.

Las dos muertes conmovieron al mundo.

Siento pena por la joven princesa que no parecía mortal.

Siento envidia por la Madre Teresa

que repartiendo trozos de vida

ganó en un lugar en la eternidad.

Una canción muy triste hecha para un funeral

nos recuerda que la princesa era mortal,

un Himno a la vida, los enfermos de este mundo

y muchas llagas por limpiar,

nos recuerdan que se puede ganar la eternidad.

Y para ello no hacía falta ganar el Premio Nobel de la Paz.

«Mis razones pueden ser las tuyas», es una serie de artículos inspirados en la inmensa la obra de José Luis Martín Descalzo, sacerdote y periodista español, al que admiro mucho y que ha sido un maestro espiritual. Este es el primero, no podía comenzar por nadie más, porque la Madre Teresa es especial.


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