Luz: El Juego de Cromosomas – Una Historia que Ilumina el Alma

Hay historias que llegan a nuestra vida para transformarnos, para abrirnos los ojos y mostrarnos el verdadero significado del amor, la resiliencia y la inclusión. Luz: El Juego de Cromosomas no es solo un libro, es un viaje emocional que nos sumerge en la vida de una niña con Síndrome de Down y la lucha de su madre por comprender, aceptar y abrazar la belleza de lo inesperado.

¿Por qué contar esta historia?

Vivimos en un mundo donde la diferencia a veces asusta, donde lo desconocido se convierte en barrera. Pero Luz nos enseña que cada ser humano llega a este mundo con un propósito, que la vida no se mide por la «perfección» genética, sino por la capacidad de amar sin límites.

La protagonista de esta historia es la niña inocente que fue abandonada al nacer, pero su luz jamás se apagó. Su madre, Clara, atrapada en el miedo y la incertidumbre, aprende a redescubrirse a través de su hija, comprendiendo que la verdadera belleza está en la autenticidad, en la risa inocente de un niño, en las pequeñas batallas ganadas día a día.

Más que un libro, una experiencia transformadora

Cada página de este libro es un reflejo de la realidad de muchas familias, de sus miedos y sus alegrías, de los prejuicios sociales y de la necesidad urgente de construir un mundo más inclusivo. Es también una historia donde la salud mental tiene un punto y aparte, en esta cruda realidad en que se nos exige ser perfectos.

Si alguna vez te has preguntado cómo el amor puede cambiarlo todo, cómo un solo ser puede iluminar la vida de quienes lo rodean, Luz: El Juego de Cromosomas te dará las respuestas.

Te invito a ser parte de esta historia

Este libro está disponible en Amazon, y más que una lectura, es una invitación a reflexionar, a mirar con otros ojos, a abrazar la diversidad y celebrar la vida en todas sus formas. Está basada en un hecho real y escrita hace muchos años, con la profunda emoción del impacto que me produjo el suceso.

Si te resuena este mensaje, si crees en la importancia de dar visibilidad a historias como esta, ayúdame a compartirla. Cuéntame en los comentarios qué significa para ti la inclusión y si conoces a alguien cuya luz ha cambiado tu vida.

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Porque todos merecemos ser vistos, escuchados y amados.

Te dejo un fragmento:

EL DIA SIGUIENTE

Y llegó el día siguiente, ese que no querían que asomara. La recién parida no había dormido bien, sobresaltada por las luces de la salita donde estaba, que no se habían apagado, el llanto lejano de los recién nacidos, el ir y venir de los acompañantes y, sobre todo, aquella sensación de alarma que la había ido penetrando a medida que se acercaba la hora de abrazar a su pequeña.

Al principio no se había percatado de nada, pero poco a poco comenzó a preguntarse por qué su hija estaba en una incubadora si había nacido bien, en por qué su madre estaba llorando de aquella manera, quizás unas lágrimas hubieran justificado la emoción de ser abuela por tercera vez, pero aquel llanto persistente nada tenía que ver con la alegría de un nacimiento.

De manera instintiva, y tratando de alejar los malos augurios, ella misma se respondió:

—— Mi madre estaba llorando, pero se fue, y si le pasara algo a la niña, no me hubiera dejado sola.

Así, entre pensamientos encontrados fueron pasando las horas, se levantó y se sentó en el sillón situado al lado de la cama, aun adolorida por las horas de parto y la pequeña incisión practicada para facilitar el nacimiento de su hija. Observaba la destreza con que la enfermera acomodaba las sábanas en su cama.

Por fin vio aparecer a su madre y respiró tranquila.

—— Mamá que ganas de que llegaras, estoy intranquila y no sé por qué, dijo mientras se abrazaba a su madre.

—— No pasa nada hija, todo estará bien, no te preocupes por nada. Ya casi traen a la niña.

Cerca de las ocho en punto se le acercó una doctora y le dijo que le hiciera el favor de acompañarla hasta un pequeño saloncito, situado al lado de la enfermería.

Clara no pensó en nada específico, simplemente se dejó llevar, conocedora de que se hacen muchos trámites y exámenes de rutina, en algo de eso pensó. Estaba tranquila, ya su madre estaba con ella y como en tiempos lejanos, si mamá estaba, nada malo podría suceder.

Entraron a la sala, ella siguió los pasos de la doctora, una joven de apenas treinta años enfundada en un cómodo uniforme verde. Era un lugar acogedor, con un escritorio de madera barnizada, dos butacas negras donde la invitaron a sentarse, una lámpara de color amarillo situada en una esquina, con una pantalla para mitigar los efectos de la iluminación, y una en el techo de color blanco, nada de cuadros ni adornos, al fondo una cama impecablemente tendida con sábanas blancas.

Sentía frío por el aire acondicionado. Llegó el momento en que la doctora se presentó:

—— Soy la doctora Amarilis, Psicóloga del hospital y debemos tener una pequeña conversación.

Clara miraba sin comprender aún, sentía verdadera aversión por psiquiatras y psicólogos, quizás porque en un tiempo de su vida tuvo que permanecer muy cerca de ellos y no quería volver a verlos nunca más. Y ahora de pronto estaba frente a una, en un momento en el que todo debía ser alegría para ella, sin saber por qué, ni para qué.

Muy despacio, cuidando cada palabra, la especialista, dibujando una sonrisa, comenzó a hablar y lo hizo con una pregunta:

—— ¿Cómo te sientes Clara, pudiste descansar…?

—— Me siento bien doctora, con un poco de dolor, pero me dicen que es normal, dijo por toda respuesta.

La psicóloga continuó:

—— El parto fue normal, en unos pocos días estarás perfecta. Sé que tienes mucha ilusión por conocer a la niña y que su padre no vive contigo, pero a veces las cosas no salen bien…

La voz pausada de la psicóloga, así como el protocolo añadido, lejos de tranquilizar a la joven la habían ido alterando, por lo que se puso en pie bruscamente para decir:

—— ¡Y dale con el padre…! No entiendo absolutamente nada ¿qué tiene que ver si el padre de la criatura no vive conmigo? Muchas mujeres tienen sus hijos sin previo casamiento y también en ocasiones sin una pareja estable. Dígame sin tantos rodeos ¿qué fue lo que no salió bien?

—– Siéntate y por favor, trata de mantener la serenidad, dijo la Psicóloga y luego te digo que fue lo que no salió bien o no sucedió como todos lo esperaban.

Clara se sentó nuevamente, ahora en el borde de la butaca por lo adolorida que estaba, sentía mucho frio y todo su cuerpo temblaba, pero dispuesta a escuchar lo que tenía que decirle aquella mujer, sin imaginar por un minuto que las palabras siguientes estaban muy lejos de parecerse a lo que hubiese deseado escuchar.

—— La pequeña tiene un problema…

—— ¿Qué problema…? Preguntó parándose nuevamente, acabe de decir lo que parece que le cuesta tanto trabajo.

—— Su hija nació con el Síndrome de Down, estos casos son poco frecuentes. Cuando existe una sospecha genética se realiza un examen, pero en su caso, su edad no lo justificaba y no se tenían otros antecedentes de abortos espontáneos, cuestiones hereditarias…etc. Leí su historia clínica y conozco cuál es su profesión, siendo Bióloga, no creo que tenga mucho más que explicar sobre detalles técnicos del padecimiento, usted me entiende perfectamente.

Clara no hablaba. Su corazón latía aceleradamente y sus manos sudaban. Se había recostado a la butaca y se quedó allí, petrificada. No le importaba ya nada de lo que estaba explicando aquella doctora, solo escuchaba el repicar constante de la terrible frase: “Su hija nació con el Síndrome de Down”, aquella niña era su hija, no comprendía como aquella mujer podía estar diciendo algo tan cruel, con tanta tranquilidad.

La alegría de ser madre le había durado parte de un día y una noche, hasta podía contar las horas. Nuevamente se sumergió en las sombras y esta vez parecía definitivo. Se levantó de allí y comenzó a caminar, ya iba llegando a la puerta cuando la Psicóloga pronuncio su nombre:

—– Clara ¿A dónde vas….? Solo necesito saber si estás preparada para conocer a tu hija.

—– No, no estoy preparada. Yo no tengo hija, me voy ahora mismo del hospital, hagan lo que quieran con ese pequeño monstruo que ni siquiera deseo conocer, ahora entiendo la insistencia por el padre, llámenlo a él, esa es su hija y no la mía. El solo utilizó mi vientre para depositar su mala semilla en él y usted no se imagina cuanto lo estoy lamentando.


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