«Alas Prestadas: Ñeña, la niña que voló» – Un viaje de valentía, sueños y amor
¿Alguna vez has soñado con volar? Sentir la libertad del viento en tu rostro, elevarte por encima de los miedos y alcanzar las nubes. Esa es la historia de María Eugenia, mejor conocida como Ñeña, una niña con un deseo tan grande que desafió todo lo imposible hasta convertirlo en realidad.
«Alas Prestadas: Ñeña, la niña que voló» no es solo un cuento infantil, es una aventura de lucha, esperanza y amor. En cada página, acompañamos a Ñeña en su viaje lleno de tropiezos, momentos difíciles y, sobre todo, personas mágicas que iluminaron su camino. Amigos inolvidables, animales que robarán tu corazón y un acto de valentía que lo cambiará todo.
✨ Un libro lleno de valores y emociones
Este libro está pensado para niños y adolescentes, pero su mensaje trasciende cualquier edad. A través de la historia de Ñeña, los lectores descubrirán la importancia de:
✔️ El amor por la familia y la amistad
✔️ La perseverancia y la lucha por los sueños
✔️ El respeto y cuidado por la naturaleza y los animales
✔️ El poder de la bondad y el sacrificio por quienes amamos
Es una historia que toca el corazón y deja una huella imborrable en quienes la leen. Es imposible no emocionarse con cada desafío que enfrenta Ñeña y con la fuerza de su espíritu indomable.
Un libro para volar alto
Si buscas una historia que inspire, que emocione y que haga soñar a pequeños y grandes, «Alas Prestadas» es la lectura perfecta. Te invito a conocer la historia de Ñeña, a reír, a llorar y, sobre todo, a recordar que los sueños más grandes siempre valen la pena.
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No olvides compartir esta historia con quienes amas. ¡Porque todos, en algún momento de la vida, necesitamos un par de alas prestadas para volar! 🕊️💙
Te regalo un fragmento:
La pequeña Ñeña se quedó asombrada y absorta mirando el rostro arrugado y alegre de la viejecita. Estaba inmóvil pero no tenía el más mínimo temor, una aureola de luz clara y brillante rodeaba todo su cuerpo, haciéndola parecer un hada de aquellas que tanto había escuchado hablar en sus cuentos nocturnos, no vio su varita mágica por ningún lugar, y tampoco era bella y joven, pero a juzgar por sus palabras, sabía que tenía un amigo perdido.
Se levantó como pudo y antes de responder volvió a escuchar la siguiente frase:
—– Si quieres encontrar a tu amigo tienes que estar dispuesta a llorar un poco. Si de verdad quieres buscarlo y ayudarlo, tienes que anteponer a este deseo, la angustia de muchos que sufrirán por ti y que pensaran que te han perdido para siempre.
La anciana ya no reía.
—– Piensa en la desesperación de tus padres y de tu abuela cuando no te vean llegar. Si después de pensar en todo esto, aún estás dispuesta a buscarlo yo te ayudaré, pero vuelve a este mismo sitio dentro de una semana. Estaré esperando por ti. Si demoras más tiempo, es posible que no logres recuperar tu condición humana.
Ñeña asintió con la cabeza, mientras dos lágrimas asomaban a sus ojos, pensando en sus padres y en los tristes ojos de su abuela cuando no la viera aparecer como de costumbre.
Pensó en Raúl, que siempre la estaba esperando en la escuela para darle un beso y tocar sus manos. En verdad la decisión no era fácil, pero toda su amada familia estaba segura en la casa, mientras su pajarillo andaba perdido por cualquier lugar. Había aprendido que siempre se ayuda al más necesitado, de manera que su respuesta afirmativa no se hizo esperar.
La anciana elevó sus blancas manos a lo alto y bajándolas suavemente, la tocó, mientras decía una frase breve en un extraño lenguaje desconocido para la pequeña. Bastó un leve roce y sintió una gran sacudida en todo su cuerpo, de manera lenta comenzaba la transformación. Todo era muy raro, pero no tuvo miedo, su único pensamiento en ese momento estaba en encontrar a su amigo perdido.
Ñeña también tuvo el presentimiento de que aquella milagrosa aparición tenía mucho que ver con todo lo que sucedería más adelante, en el transcurso de su vida.
De pronto se había convertido en un hermoso pajarito blanco, de muy pequeñas alas, que primero comenzó a volar discretamente, pero luego levantó el vuelo con fuerza, hasta perderse en las alturas.
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