El Poder que Dios nos Regaló: Aprende a decretar

“El regalo de Dios para el hombre es su poder; el poder y dominio sobre todas las cosas creadas; su mente, su cuerpo y su acontecer. Toda la infelicidad viene de la falta de ese poder” Florence Scovel Shinn

Lo creas o no, Dios nos ha dado un regalo inmenso: el poder de decretar. Este don, muchas veces olvidado o subestimado, es una herramienta divina que nos conecta directamente con su esencia creadora. No se trata de pedir con duda o temor, sino de ordenar con fe y convicción, como lo hizo Jesús de Nazaret al obrar los milagros documentados en la Biblia. Cuando multiplicó los panes y los peces, cuando sanó a los leprosos o cuando devolvió la vista al ciego de nacimiento, Él decretó con una fe absoluta en el poder que el Padre le había otorgado, pero aquellos sobre los que se obraron dichos milagros, también creyeron. Más sencillo, la clave de toda manifestación está en la fe. Una de las enseñanzas más poderosas de Jesús está en estas palabras:

“Todo lo que pidan en oración, crean que ya lo han recibido, y les será concedido.” (Marcos 11:24).

Aquí no hay espacio para la duda. Jesús nos enseña que el decreto debe ir acompañado de una fe firme, lo que deseamos ya está hecho en el plano espiritual y se manifestará en el físico.

Florence Scovel Shinn y la magia de las afirmaciones:

La autora Florence Scovel Shinn, pionera en la enseñanza del poder de la palabra, también habla sobre el decreto como una herramienta poderosa para manifestar la voluntad divina. En su libro “El Juego de la Vida y Cómo Jugarlo”, ella escribió:

“El hombre puede cambiar sus condiciones deshaciendo la palabra negativa pronunciada en el pasado.”

Esto significa que nuestras palabras tienen un poder creador. Al decretar con fe y determinación, eliminamos las barreras que hemos construido y permitimos que las bendiciones de Dios fluyan en nuestra vida.

“Todo lo que el hombre imagina y siente como verdadero, se manifiesta en su vida.”

El decreto, según Florence, es una afirmación que activa la energía divina y materializa nuestros deseos, siempre que estén alineados con la voluntad de Dios. Nuestras peticiones nunca pueden contener algo que haga daño a otra persona.

Decretar no es pedir, es ordenar

Dios nos dio el poder de crear nuestra realidad, y al decretar, estamos ejerciendo ese poder. No se trata de una súplica débil o de una petición sin rumbo, sino de una orden llena de fuerza y confianza, como la que hizo Jesús al calmar la tormenta:

“¡Silencio! ¡Cálmate!” (Marcos 4:39).

En ese momento, Jesús no pidió al mar que se calmara; Él lo ordenó con autoridad. Este mismo poder vive en nosotros, porque fuimos creados a imagen y semejanza de Dios.

El Poder de los Decretos en la Biblia

Jesús nos dejó ejemplos claros del poder del decreto, demostrando que las palabras, cuando están impregnadas de fe, pueden mover montañas, sanar, y abrir caminos. Aquí algunas frases bíblicas que refuerzan esta enseñanza:

  1. “Levántate, toma tu camilla y anda.” (Juan 5:8).
    Jesús decretó sanidad al paralítico, sin vacilación. Sus palabras fueron claras, seguras y llenas de autoridad.
  2. “Talita cum (Niña, a ti te digo, ¡levántate!).” (Marcos 5:41).
    Cuando resucitó a la hija de Jairo, Jesús habló con certeza. Este milagro nos recuerda que nuestras palabras pueden traer vida a cualquier situación.
  3. “Todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.” (Mateo 18:18).
    Jesús enseñó que nuestras palabras tienen impacto tanto en lo espiritual como en lo terrenal.
  4. “Hágase conforme a tu fe.” (Mateo 9:29).
    A los ciegos que deseaban ver, Jesús les mostró que la fe en su palabra es el ingrediente principal para recibir milagros.
  5. “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera.” (Juan 11:25).
    Esta afirmación es un decreto de vida eterna que nos invita a confiar plenamente en el poder divino.

¿Cómo Decretar con Fe?

  1. Cree con todo tu corazón: Jesús dijo: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” (Marcos 9:23).
  2. Habla en tiempo presente: Afirma que ya tienes lo que deseas, lo que veas en el futuro, ahí se quedará.
  3. Confía en los tiempos de Dios: Recuerda que todo llega cuando es perfecto para ti.

Jesús nos enseñó que no hay límites para lo que podemos manifestar cuando lo hacemos mucha con fe. Como hijos de Dios, tenemos el poder de transformar nuestras vidas a través de nuestras palabras. Usa este don con amor, confianza y sabiduría. No pidas con temor, ordena con la certeza de que Dios está obrando a través de ti.

Para ello, debes hacer lo siguiente:

  1. Conéctate con tu fe: Antes de decretar, eleva tu mente y espíritu a Dios. Reconoce que Su poder vive en ti.
  2. Usa palabras positivas y poderosas: Habla como si ya hubieras recibido lo que deseas. Por ejemplo, en lugar de decir “Espero tener salud”, decreta: “Yo soy salud perfecta, la salud de Dios fluye en mí”.
  3. Cree en lo que dices: La fe es el motor de tus decretos. Jesús dijo:

“Si tienen fe del tamaño de una semilla de mostaza, podrán decirle a este monte: ‘Quítate de aquí y échate al mar’, y así será.” (Mateo 17:20).

  1. Sé constante: Repite tus decretos diariamente con emoción y certeza.

Decretos Poderosos para el Amor, la Abundancia y la Salud

Decretos para el Amor

  1. “El amor perfecto de Dios fluye en mí y a través de mí. Estoy rodeado/a de relaciones armoniosas.”
  2. “Yo decreto que el amor divino guía todas mis acciones y atrae a las personas correctas a mi vida.”
  3. “El amor de Cristo me llena, y comparto este amor con todas las personas que me rodean.”

Decretos para la Abundancia

  1. “Decreto que la abundancia divina fluye libremente hacia mi vida, y todo lo que toco prospera.”
  2. “Soy merecedor/a de la riqueza y las bendiciones que Dios tiene para mí. Todo llega a mí en perfecta armonía.”
  3. “Mi provisión es ilimitada porque mi fuente es Dios.”

Decretos para la Salud

  1. “Yo soy salud perfecta, cada célula de mi cuerpo está llena de la vida de Dios.”
  2. “Decreto que mi cuerpo, mente y espíritu están en equilibrio, porque Dios es mi sanador.”
  3. “La sanidad divina fluye en mí y me llena de energía, vitalidad y paz.”

Decreta hoy lo que deseas, sabiendo que ya es tuyo. Recuerda que no se pide, se ordena con la certeza de que Dios está obrando a través de ti.


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